El gremio de los custodios realizó un descargo en redes sociales ubicando el foco del asesinato de Fernando Sosa no en un deporte sino en un sistema de seguridad que a las claras falla considerablemente provocando una muerte más en las calles argentinas.
El crimen de Fernando Báez Sosa a manos de descerebrados mentales en Villa Gesel abrió un fenomenal debate en varios sectores de la sociedad y no solo en el deportivo como quiere instalarse. El pibe de 19 años fue embestido brutalmente a golpes y patadas cobardemente por un grupo de jugadores de Rugby.
El Rugby es un ambiente en el cual los medios necesitaron hacer nido para juzgar un deporte y una filosofía de actuación, pero la violencia no es patrimonio de una disciplina deportiva sino una columna que se edificó a base de falta de valores y educación. En todos los ámbitos, principalmente en la familia y en la escuela. El Sindicato Único de Trabajadores Custodios puso el foco en la seguridad, la cual fue una evidente falla al momento de contener semejante batalla nocturna, la cual terminó con la vida de Fernando.
“Asesinato d Fernando Báez Sosa: Hay q implementar políticas d Estado en Seguridad Ciudadana y terminar con la #SeguridadPrivada solo como #Negocio”, posteó en Twitter a través de su cuenta oficial @LosCustodios, el gremio que lidera Christian López.
A la vez, el principal dirigente de la organización consideró: “La seguridad es integral hace falta un proyecto a largo plazo y un cambio cultural en la sociedad no alcanza con un colegiado ni con un licenciado es mucho más profundo”.
López denuncia desde hace ya un tiempo la irregularidad en el sector y desde hace un tiempo, el sindicato elabora un informe que será presentado a las máximas autoridades del Ministerio de Seguridad con un relevamiento minucioso sobre empresas que incumplen con la legislación inherente a la actividad.
En relación al cobarde asesinado de Báez Sosa, el cumplimiento de funciones de los Custodios privados de la Discoteca LeBrique dejó un sabor amargo en cuanto a su desempeño y más aun el del propio dueño del lugar, quien la noche siguiente abrió sus puerta dejando el respeto y memoria de lo que había pasado apenas unas horas antes, en una desconsideración inédita.
