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¿Hasta cuándo? La caída del consumo se trasladó a los fines de semana largos, con menos gasto y más recesión

El turismo sigue funcionando como una válvula de escape social y cultural para miles de familias argentinas. Sin embargo, si el análisis se centra en términos económicos y en el impacto sobre trabajadores, comercios y prestadores de servicios, las estadísticas reflejan un escenario crítico.

Según la CAME, una de las confederaciones que apoyaron la llegada del actual Gobierno, en los dos fines de semana largos de junio viajaron 2,16 millones de turistas, pero gastaron un 27,9% menos que en 2024 a precios constantes. También disminuyó la cantidad de viajeros (-16,6%) y se acortaron las estadías, de 2,9 a 2,2 noches.

Los turistas optaron mayoritariamente por escapadas cercanas, con consumos limitados y fuertes ajustes en recreación, gastronomía y compras. Aunque hubo picos de ocupación en algunos destinos con eventos masivos —como Posadas, Bariloche o Calingasta—, la baja generalizada en el gasto real muestra una retracción del turismo como motor económico regional. El deterioro del poder adquisitivo y la incertidumbre económica obligaron a millones de personas a vacacionar con presupuesto restringido o, directamente, a no salir.

Pese a los esfuerzos provinciales con agendas culturales, festivales y promociones para atraer visitantes, el balance económico del turismo interno deja una señal de alarma: las pymes del sector no logran sostener niveles de facturación estables, y los trabajadores enfrentan una temporada baja más larga y difícil. Las escapadas siguen vigentes, pero su potencial dinamizador está cada vez más condicionado por la crisis.

La situación repercute especialmente en los sectores más vulnerables de la cadena turística: trabajadores temporarios, pequeñas y medianas empresas, cooperativas de servicios, feriantes y emprendedores regionales.

Muchos destinos reportaron ocupaciones hoteleras por debajo del 50% y un consumo “mínimo indispensable” por parte de los visitantes. Incluso en provincias con fuerte tradición turística, como Mendoza, Entre Ríos o Corrientes, el movimiento fue discreto y en muchos casos impulsado por descuentos agresivos o promociones 3×2 para no perder totalmente el flujo. En este contexto, el turismo, lejos de ser un dinamizador, funciona hoy como un paliativo social sin capacidad real de reactivación económica sostenida.

La crisis, todavía negada por el Gobierno Nacional, ya alcanza niveles ostensiblemente preocupantes y, si bien las escapadas y vacaciones pueden ser un lujo innecesario para el Presidente de la Nación, su declive forma parte de una baja muy clara en la calidad de vida de los y las trabajadores.

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