🔵El debate de fondo no es técnico, sino político e ideológico. La reforma plantea un modelo en el que la competitividad se logra ajustando sobre el trabajo: más horas sin pago extra, menos indemnización, menos sanciones al incumplimiento🔴
La reforma laboral que el Gobierno impulsa en el Congreso volvió a ser defendida por referentes de La Libertad Avanza. En este caso, el senador Mario Pablo Cervi sostuvo en una nota periodística que herramientas como el banco de horas, la reducción de la litigiosidad y el alivio de multas laborales podrían ordenar el mercado de trabajo y dar previsibilidad. Sin embargo, detrás de esos conceptos, se abre un debate de fondo: ¿orden para quién y a costa de qué derechos?
Uno de los puntos centrales es el llamado banco de horas, presentado como una solución moderna para adaptarse a los picos de demanda. En la práctica, implica ampliar jornadas laborales sin pago de horas extras, reemplazándolas por francos compensatorios futuros. El problema: el trabajador pone hoy su tiempo —el recurso más escaso— y recibe a cambio una compensación diferida e incierta. Lejos de ordenar la vida laboral, el banco de horas desorganiza rutinas, dificulta la planificación personal y familiar y traslada todo el riesgo al trabajador, mientras el empleador gana flexibilidad sin asumir mayores costos.
Juicos Laborales
Otro argumento recurrente y defendido por el legislador es la necesidad de reducir la litigiosidad laboral. Pero los propios datos del sistema muestran que los juicios representan una proporción baja en relación con la cantidad total de trabajadores registrados. La enorme mayoría de los conflictos se resuelve antes de llegar a tribunales. Y cuando hay juicio, suele haber una causa concreta: salarios mal liquidados, indemnizaciones impagas o despidos irregulares.
Si el objetivo real fuera evitar juicios, la fórmula es sencilla y conocida: pagar lo que corresponde, cuando corresponde. Reducir derechos o achicar indemnizaciones no elimina el conflicto; lo traslada al eslabón más débil.
El texto original de la reforma incluye un punto clave que suele omitirse en los discursos: la reducción de los ítems que integran el cálculo indemnizatorio. No se trata solo de “ordenar” procesos, sino de abaratar el despido. Menor indemnización no genera más empleo; genera despidos más baratos. Y eso, lejos de incentivar la formalidad, puede aumentar la rotación, la precarización y la inestabilidad laboral.
Multas
Algo similar ocurre con la propuesta de reducir o eliminar multas por empleo no registrado. Presentadas como un incentivo para “blanquear”, en los hechos funcionan como un premio a la informalidad previa.
El mensaje implícito: quien cumplió la ley siempre, pierde; quien incumplió durante años, recibe beneficios. En lugar de fortalecer el trabajo registrado, se debilita la cultura del cumplimiento y se legitima la evasión laboral.
