🔵En un mano a mano con Sonido Gremial, el titular de la CATT cuestionó el discurso presidencial y advirtió sobre el avance de la extrema derecha. También apuntó a las deudas de la democracia: una desigualdad que no cede y un desencanto ciudadano que gana terreno🔴
“De repente los argentinos nos levantamos y nos encontramos con que nuestro país se ha convertido en un santuario del terrorismo”. Juan Carlos Schmid eligió la ironía para responder a una pregunta sobre las declaraciones de Javier Milei en relación a su metodología de Gobierno, pensamiento y accionar político. El mano a mano tuvo como marco el conversatorio “Democracia en disputa: las derechas y los desafíos del campo popular”, organizado por la CATT en el Salón Felipe Vallese de la CGT, con las exposiciones de la diputada nacional Kelly Olmos y el sociólogo brasileño Emir Sader.

Schmid puso sobre la mesa su preocupación por la convivencia democrática y por una desigualdad que sigue sin encontrar respuestas. Explicó que la convocatoria nació de una preocupación concreta: “Hay un discurso de la extrema derecha que pone en peligro la convivencia pacífica y el consenso que habíamos construido a la salida de la dictadura militar”.

¿Dónde ve ese peligro? Schmid recordó los ataques al Palacio del Planalto, en Brasil, y al Capitolio, en Estados Unidos, como ejemplos del desconocimiento de los resultados electorales. “Son actores que no creen demasiado en el diálogo social y en las instituciones”, sostuvo. En el caso argentino, leyó la decisión de Milei de pronunciar su discurso de asunción de espaldas al Congreso como una señal política sobre su relación con el consenso y la independencia de los poderes. También expresó su preocupación por las detenciones y la represión durante las protestas.

Sin embargo, su explicación sobre el avance de esas derechas también incluyó una mirada crítica hacia las democracias y sus propias deudas. Para el secretario general de la CATT, parte del problema aparece cuando el voto y las instituciones quedan reducidos a una formalidad, sin mejorar la vida de las mayorías. “Los actores democráticos electos no vinieron a reparar las desigualdades del mundo, sino a mantener el status quo”, planteó. “En la Argentina, en los últimos procesos electorales lo que más crece es el partido de la indiferencia”, analizó.

Cuando la charla pasó por los resultados de los gobiernos neoliberales, Schmid retomó una reflexión de Sader sobre su fracaso, pero volvió a señalar una dificultad más amplia: los procesos democráticos tampoco pudieron resolver “el fondo de la cuestión”, que para él es la desigualdad. Advirtió que las brechas sociales siguen en niveles muy altos, mientras arriba se acumula una “concentración obscena”, cuya mayor expresión ubicó en la élite digital.
“¿La desigualdad puede ser un negocio para algunos?”, consultó este medio. “Sí, es un negocio para algunos”. Schmid vinculó esa situación con el atraso y la falta de acceso a la educación, condiciones que terminan condenando a las personas “a estar siempre en el abismo de la pobreza”. Y lo remató con una expresión bien suya: “Esto es más viejo que el agujero del mate”.

