🔵El último informe de CAME reveló una nueva baja en las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas durante mayo. Aunque algunos sectores mostraron leves mejoras, el consumo continúa condicionado por la pérdida del poder adquisitivo, la falta de financiamiento y un modelo económico que no logra reactivar el mercado interno🔴
Las ventas minoristas PyME volvieron a mostrar señales de debilidad en mayo y confirmaron que la recuperación económica anunciada desde distintos sectores del Gobierno todavía no encuentra correlato en el consumo cotidiano.
Según el relevamiento de la CAME, las ventas registraron una caída interanual del 1,2% a precios constantes y acumulan una retracción del 3,1% en los primeros cinco meses de 2026. Aunque el indicador exhibió una mejora mensual desestacionalizada del 1,2%, los números reflejan que la actividad comercial continúa transitando un escenario recesivo.

El informe deja en evidencia que el principal problema sigue siendo la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y sectores medios. La mayoría de los rubros relevados describen un cambio en los hábitos de consumo: compras más pequeñas, mayor presencia de segundas marcas, postergación de gastos considerados no esenciales y una creciente dependencia de promociones, descuentos y planes de financiación para sostener las ventas. La demanda continúa orientándose a cubrir necesidades básicas mientras se reducen o directamente desaparecen los consumos vinculados al bienestar, el equipamiento del hogar o el recambio de bienes durables.

Los únicos sectores que lograron exhibir resultados positivos fueron aquellos asociados a consumos indispensables. Farmacia encabezó el crecimiento con una mejora del 8,2%, impulsada por la temporada de enfermedades respiratorias y las campañas de vacunación. También mostraron números favorables Perfumería, con un alza del 2,3%, y Alimentos y Bebidas, que apenas logró sostenerse con una mejora marginal del 0,2%. Lejos de representar una expansión genuina del mercado, estos resultados reflejan que los consumidores continúan concentrando sus recursos en productos esenciales mientras restringen el resto de los gastos.
La situación es mucho más compleja en los sectores ligados al consumo discrecional y a la producción nacional. Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles registró una caída del 8,9%, mientras que Textil e Indumentaria retrocedió un 5,2%. Los comerciantes atribuyen estos resultados a la contracción salarial, la falta de financiamiento accesible, el aumento de los costos operativos y una creciente competencia derivada de la apertura de importaciones y del comercio informal. El panorama muestra una economía que no logra generar condiciones para el fortalecimiento de la industria y el comercio interno.
Otro dato significativo surge del sector de ferreterías y materiales para la construcción, que permaneció estancado durante mayo. El propio informe vincula este desempeño con la paralización de obras públicas y privadas, un fenómeno que impacta de manera directa sobre la actividad económica, el empleo y el entramado productivo. La demanda quedó reducida a pequeñas refacciones domésticas y tareas de mantenimiento, configurando un escenario muy distante de cualquier proceso de expansión o inversión.
Más allá de las expectativas moderadamente optimistas que algunos comerciantes mantienen para los próximos doce meses, el relevamiento de CAME expone una realidad difícil de ocultar: el mercado interno continúa debilitado, las PyME siguen operando en un contexto recesivo y la mejora de los indicadores macroeconómicos todavía no se traduce en una recuperación del consumo. A tres años del inicio del programa económico de Javier Milei, los datos muestran que la estabilidad financiera por sí sola no alcanza para impulsar el desarrollo, mientras el deterioro del poder adquisitivo continúa siendo el principal freno para la actividad comercial y productiva del país.

