🔵Alberto se mostró con sonrisa. Pero enojado. El Presidente tuvo un discurso que más que militante, tuvo una orientación electoral de casi fuera de cronología🔴
Subió a Mauricio Macri al escenario y también lo hizo con Javier Milei. Y a los medios de comunicación. Alberto estaba enojado. Seguramente por el resultado del domingo. Pero distó de ese Presidente conciliador que llamó al dialogo a la noche pasadas las elecciones y con los porcentajes ya puestos.
La Plaza de Mayo sí le ratificó que tiene todavía apoyo de cara al 2023. Estaba llena. Tenía a todos los actores políticos de la estructura que necesita para sostener su proyecto. Estaba la militancia sindical, con banderas y bombos de la CGT y las CTA. Estaba su gabinete detrás. Hubo gobernadores. Intendentes. Estaba Axel Kicillof, también. Cristina no estuvo, pero aun dura la excusa del posoperatorio y en su lugar, antes que Alberto recorra la explanada de Casa Rosada para subirse al escenario, en las pantallas se proyectaba imágenes con la presidenta del Senado. Fue un mensaje también.

Quizás, no era un día para subirlo a Macri al escenario. Mucho menos a Milei. Son discursos que no suman. La figura presidencial se supone mucho más por encima de ese lugar. A Macri hasta su propio espacio lo marginó. No lo sumó a las recorridas de campaña ni tuvieron la gratitud de sacarse una foto con el creador del espacio. No era necesario.
El rivalismo con Clarín va por otro lado. Aunque también innecesario. El Gran Diario Argentino puso en duda el presidencialismo del Presidente. Puso en duda su continuidad, institucionalidad y Alberto le respondió. Por ahí un poco más entendible. Que suba el precio de los productos de la canasta básica, es debatible y hay que atacarlo; pero que suba el de los candidatos opositores, no sería una estrategia que deberían sugerirle sus asesores.
Prometió algo muy arriesgado. Dijo que los salarios le iban a ganar a la inflación y algo mucho más osado: que no van a pagar más el impuesto a las ganancias. Algo que hasta el momento ningún Presidente pudo cumplir.

Todavía tiene tiempo de gobierno, aunque dos años es una eternidad para los bolsillos más populares. El Alberto del 2019, conciliador y con un tono amable, tenía una imagen positiva. Cuando se produjo la metamorfosis más bélica, tuvo altibajos y hasta perdió las elecciones.
Tiene tiempo y debe aprovecharlo.
