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Editorial: El pueblo brasileño se niega a ser gobernado por estafadores

Luego de que millones de trabajadores y organizaciones sociales se pronunciaran contra las políticas de Temer y protagonizaran un paro histórico, Brasil se enfrenta a uno de los peores momentos de su historia.

*  Por Nicolás Honigesz, del equipo de Comunicación de la Central de Trabajadores de la Argentina

Brasil atraviesa una de las crisis política-económica y de representatividad más grandes de su propia historia: Una ruptura del contrato social que se aleja cada vez más de un sistema democrático, muy distante de la defensa de la soberanía del pueblo y por sobre todo del derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes.

Michel Temer asumió como presidente de Brasil mediante un Golpe Parlamentario a Dilma Rousseff en el 2016 con el lema «la lucha contra la corrupción”. En el mes de marzo la cadena Globo dio a conocer audios en los que Michel Temer avalaba los sobornos para comprar el silencio del ex-presidente de la cámara de diputados y principal gestor del impeachment a Roussef, Eduardo Cunha.

Los audios también implicaban al ex-candidato presidencial Aécio Neves (PSDB), actual aliado de Temer que ya fue suspendido de su cargo como diputado por el Tribunal Supremo de Brasil. El máximo tribunal también autorizó a abrir investigaciones contra Michel Temer, algo que hasta ahora no había hecho debido a que las sospechas sobre el mandatario correspondían a delitos cometidos fuera del ejercicio de su actual cargo. Pero ésta es sólo una de las aristas de la crisis política y económica que atraviesa Brasil.

¿Cuáles son las opciones?

La línea de sucesión se establece del vicepresidente al presidente de la Cámara de Diputados; luego al Senado y por último al presidente del Supremo Tribunal Federal. Pero esta trama, semejante a un thriller de ciencia ficción, establece que el titular de Diputados, Rodrigo Maia, como Eunicio Oliviera del Senado están siendo investigados en la causa Lava Jato que involucra a Temer.

Quien sigue en la línea sucesora es la actual titular del Supremo Tribunal Federal, Carmen Lúcia, quien convocaría a elecciones indirectas en un plazo de 30 días que le daría la potestad al Poder Legislativo de elegir a un sucesor, el mismo parlamento, responsable del golpe parlamentario que avaló la presidencia del actual mandatario.

El parlamento brasileño está constituido por 513 diputados pero 273, más del 53% de los mismos tienen o tuvieron cuentas pendientes con la justicia. Por su parte, la oposición (minoría) dentro del Congreso impulsa las elecciones directas mediante una Propuesta de Enmienda Constitucional que tendría que ser votada por el mismo parlamento (PEC).

Hay una coincidencia del Frente Brasil Popular y el Frente Sem Medo (los instrumentos tácticos creados como respuesta al Golpe) de levantar la consigna “Elecciones Directas”.

En este escenario es difícil predecir qué pasaría en esa elección: Quien más está capitalizando esta crisis política es Joao Doria (alcalde de San Pablo quien ganara la elección con una fuerza municipal) y, en menor medida Jair Bolsonaro (Nacionalista conservador del partido Social Cristiano PSC). Aunque los medios intentan erosionar su imágen, Lula da Silva se viene afirmando y actualmente lidera todas las encuestas de intención de voto.

Un año para Temer

La actual gestión tiene una aprobación de apenas el 4%; el 92% de los brasileños consideran que está yendo en rumbo equivocado y el 87% de la población cree que debería dejar la presidencia. Brasil atraviesa una caída libre del empleo que ya afecta a más de 14,2 millones de desempleados, récord absoluto en su historia.

Las reformas propuestas por la actual gestión se enmarcan dentro de un modelo neoliberal, que dan lugar a la flexibilización en el mercado del trabajo que permite disminuir los costos para las empresas y modificar las condiciones de negociación empresa-trabajador depurando los sindicatos y las negociaciones colectivas. Así como reformas del sistema de previsión social que contemplan el aumento de la edad para el acceso a la jubilación y el recorte sistemático de beneficios y el congelamiento del gasto público por 20 años.

Las respuestas del gobierno de Temer frente a las grandes movilizaciones y reclamos de los trabajadores fue mayor represión y persecución física, jurídica, y mediática. Frente a este panorama, los movimientos sociales y organizaciones de trabajadores pusieron en marcha el segundo paro general para dar respuestas a esta crisis política-económica a la que se enfrenta Brasil.

El Pacto de Gobernabilidad está despedazado y su salida institucional es un callejón sin salida con un pueblo que empuja y empuja