🔵El dato del 2.8% de inflación de diciembre, sumado al informe de la CAME sobre la caída del consumo, refleja la debilidad de los esfuerzos del Gobierno por contener un modelo económico de especulación🔴
La caída del 5,2 % interanual en las ventas minoristas pyme durante diciembre confirma que el consumo continúa deprimido, incluso en un mes tradicionalmente marcado por las fiestas y el cobro del aguinaldo. Si bien la medición desestacionalizada mostró un repunte mensual, ese alivio coyuntural no alcanzó para revertir una tendencia estructural de retracción que golpea de lleno a la actividad comercial.
El dato se vuelve más significativo al contrastarlo con la inflación de diciembre (2,8 %), que volvió a erosionar el poder adquisitivo de los ingresos. Aun con una desaceleración inflacionaria respecto de meses anteriores, los precios siguen creciendo por encima de salarios y jubilaciones, consolidando un escenario en el que las familias restringen gastos y priorizan consumos esenciales. Esta dinámica explica el fuerte retroceso en rubros sensibles al ingreso disponible, como Bazar y decoración (-15 %), Perfumería (-9,8 %) y Textil e indumentaria (-8,5 %).
El propio relevamiento empresarial refleja este cuadro: más de una cuarta parte de los comercios declara un empeoramiento de su situación respecto del año anterior, y aunque se observa una leve mejora en las expectativas, el consumo continúa siendo “estrictamente racional”. El repunte puntual de diciembre funcionó como un respiro estacional, no como un cambio de tendencia.

En síntesis, la combinación de inflación persistente, salarios rezagados y caída del consumo sigue condicionando la recuperación económica. Mientras no se recomponga de manera sostenida el poder adquisitivo, los indicadores del comercio pyme muestran que la demanda interna continuará débil, con impactos directos sobre la actividad, el empleo y la rentabilidad del sector.
Este escenario impacta de manera directa en la vida cotidiana de las personas, que ven cómo sus ingresos pierden capacidad de compra frente a precios que continúan en alza. Con una inflación del 2,8 % en diciembre y salarios que no logran acompañar ese ritmo, los hogares ajustan sus presupuestos mes a mes, recortan consumos no esenciales y priorizan gastos básicos como alimentos, servicios y transporte. Esta lógica de “consumo defensivo” no solo limita el acceso a bienes durables o indumentaria, sino que también profundiza la sensación de incertidumbre económica.

Al mismo tiempo, la caída del consumo tiene efectos indirectos pero concretos sobre el empleo y la estabilidad laboral. La menor facturación de los comercios pyme restringe inversiones, frena la generación de puestos de trabajo y aumenta el riesgo de cierres o ajustes internos. De este modo, la pérdida de poder adquisitivo se retroalimenta con un mercado laboral más frágil, afectando especialmente a los sectores de ingresos medios y bajos, que dependen del dinamismo del consumo interno para sostener su nivel de vida.
