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Schmid habló en profundidad de la CGT y de su «posibilidad de renunciar»

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Uno de los jefes de la CGT admite como aquel 18 de noviembre, luego del paro general de la CGT, pensó en renunciar y cuenta las complejidades que se vienen en este 2018. Recientemente, en un plenario en Mar del Plata, la central decidió oponerse al Gobierno y definir, en quince días, una movilización ante el embate oficial contra el sector gremial.

Juan Carlos Schmid reconoció que luego del último paro general de la CGT casi lo catapulta a una renuncia de la central obrera. Sintió “desazón” ante «la desautorización de algunos gremios que no lo acataron» pero decidió “no abandonar el barco”.

Uno de los secretarios generales de la CGT –junto a Carlos Acuña y Héctor Daer- contó que privilegió «las costumbres adquiridas como marítimo y no como sindicalista. En esa actividad no se puede abandonar el barco en la mitad del océano. A bordo es imposible pegar un portazo. Hay que llegar a puerto. No puede haber desorden», señaló Schmid en un extenso reportaje concedido a la revista «Crisis». «El último paro general no fue testimonial sino que era el momento para prestigiar a la CGT y, eso, deben explicarlo quienes no lo entendieron y no lo acataron«.

El triunviro, en aquella entrevista, reconoció que en un momento en que el Gobierno no es peronista y “sin un frente homogéneo, la CGT es difícil «.

Schmid explicó que «las diferencias internas son previas a la unificación, e importantes sectores quedaron afuera y no por lo mismo, pero el último Comité Central Confederal (CCC) facultó a la CGT a negociar y protestar, aunque luego algunos criticaron hasta las tácticas», y fue tajante: «Se cumplió el mandato, porque si cada tres meses hay que ratificar al triunvirato hay un problema. Hay que unificar criterios».

La CGT no puede integrarse a un Gobierno que defiende intereses contrarios a las mayorías«, sostuvo. Además, realizó la cronología reciente y dijo que la relación terminó de enfriarse con la reforma previsional. Aquello fue «el divorcio entre gran parte del pueblo peronista y sus dirigentes»; dijo que «el Gobierno nunca inspiró confianza, no disciplinó al empresariado -que ya en 2016 saboteó el diálogo- y utilizó y ocultó la reforma laboral con el discurso de agencias de salud, formación y blanqueo, pero la idea era cambiar más de 100 artículos. «Hay que organizar ahora la resistencia con otra dimensión, tácticas y formato. No con la violencia, porque la respuesta de la derecha en esas circunstancias siempre fue feroz. Hay que recrear la política para hacer valer las razones. Eso implica un significado de la trascendencia. Hay que atacar la desigualdad y ofrecer un debate sindical para acercar a los movimientos sociales y franjas gremiales que están en el fondo, como ladrilleros y ramas industriales que cobran 5 o 6 mil pesos», afirmó. «Era el momento para clavar una referencia antigubernamental en rechazo de la injusticia. Hay dificultades para coordinar porque la CGT está en crisis. El futuro es incierto y hay que lograr una unidad medianamente homogénea. Habrá que decidir cómo confrontar, porque este año habrá problemas con las paritarias. De seguro habrá un Confederal o un plenario de secretarios generales para definir la relación con el Gobierno», concluyó.

«Algunos sectores, en el Senado o las gobernaciones, conocían esa finta oficial. Por eso hubo entretenimiento y pirotecnia. El tema era dejar lo laboral para el futuro y aprobar en 15 minutos la reforma jubilatoria antipopular. Nunca el Gobierno avisó sobre la sanción de esa ley. La CGT, entonces, no sostendrá ahora ninguna iniciativa laboral», cerró el secretario general de la CATT y de la Federación de Martitimo (Fempinra).