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El informe de CAME que refleja la crisis y la resignación: más turistas, menos plata

Más de 1.012.000 turistas se movilizaron por el país y gastaron unos $231.084 millones, pero el dato que enciende las alarmas es otro: el gasto promedio diario fue de $103.793, con una caída del 7% respecto al feriado de Carnaval y del 1,6% interanual en términos reales. Es decir, hay gente viajando, pero gastando cada vez menos.

El supuesto crecimiento del 48,8% en la cantidad de viajeros frente a 2025 también tiene letra chica. El año pasado había sido muy flojo y este fin de semana tuvo cuatro días, lo que explica gran parte del salto. En la práctica, el consumo no acompañó: más turistas, pero con menor impacto económico por persona.

La señal más clara del ajuste está en las estadías: el promedio fue de apenas 2,2 noches, un número bajo para un fin de semana largo. En muchos destinos, incluso, la ocupación fue moderada: Mar del Plata apenas alcanzó el 42%, mientras que en varias provincias los niveles oscilaron entre el 40% y el 60%, lejos de los picos de otros años.

El contexto económico también pesó en las decisiones. El encarecimiento del combustible empujó a elegir destinos cercanos, y el carácter “no laborable” del lunes generó viajes más cortos y fragmentados. El resultado: escapadas de uno o dos días, definidas sobre la marcha y con gasto controlado.

A esto se suma otro dato clave: gran parte del movimiento estuvo sostenido por actividades gratuitas en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Marchas, actos y propuestas culturales movilizaron gente, pero no generaron consumo fuerte en rubros como espectáculos pagos o recreación.

El propio informe reconoce que se consolidó un perfil de turista “austero”, que prioriza experiencias sin gastar demasiado. En números concretos, eso se traduce en menos consumo en ocio, menos compras y menor circulación de dinero en las economías regionales.

El resultado es un turismo que se sostiene con lo justo. Bares, ferias y espacios gastronómicos tuvieron actividad, pero en un escenario donde cada gasto se mide. Incluso con más gente viajando, el impacto económico se diluye.

En el fondo, los datos son críticos: se viaja más, pero se gasta menos, se permanece menos tiempo y se ajusta en todo. Una postal que confirma lo que ya se siente en la calle: en la Argentina de hoy, el turismo también es víctima de la crisis.

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