🔵La tasa mundial de desempleo entre las personas de 15 a 24 años aumentó al 12,4% y revirtió parte de la recuperación posterior a la pandemia. Un informe de la OIT advirtió que también crecen la exclusión, la precariedad y las dificultades para acceder al primer empleo🔴
El acceso de los jóvenes al mercado laboral atraviesa un escenario cada vez más crítico. Según el informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026: Regreso al futuro, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo –OIT-, durante 2025 alrededor de 67 millones de personas de entre 15 y 24 años estuvieron desempleadas en todo el mundo. La tasa global aumentó del 12,3% al 12,4% y frenó las mejoras registradas después de la pandemia.
Una generación fuera del trabajo y la educación
La situación adquiere una dimensión todavía más preocupante al observar a quienes quedaron completamente fuera del empleo y del sistema educativo. La OIT estimó que más de 257 millones de jóvenes —equivalentes al 20% de la población comprendida en esa franja etaria— no trabajaban, no estudiaban ni participaban de programas de formación.

La suba simultánea del desempleo juvenil y de este indicador constituye una señal de alarma para el organismo. La exclusión durante los primeros años de la vida laboral puede afectar durante largo tiempo los ingresos, la trayectoria profesional y las posibilidades de acceder a derechos laborales y protección social.
Conseguir empleo tampoco garantiza un trabajo digno
El problema no se limita a la cantidad de puestos disponibles. Una gran parte de los jóvenes que consigue incorporarse al mercado laboral lo hace mediante empleos informales, inestables y con bajos ingresos. En los países de menores recursos, donde las redes de protección son más débiles, la informalidad se presenta muchas veces como la única alternativa frente al desempleo, aunque sin estabilidad, cobertura social ni posibilidades concretas de crecimiento.

El escenario también está atravesado por profundas desigualdades. Los Estados Árabes registraron una tasa de desempleo juvenil del 26,2%, mientras que en África del Norte llegó al 22,6%. Las mujeres jóvenes enfrentan obstáculos adicionales para estudiar, capacitarse e incorporarse al trabajo, lo que profundiza las brechas existentes y las empuja en mayor proporción hacia los márgenes de la actividad productiva.
América Latina mejora, pero con una advertencia
El informe no presenta un análisis separado de Sudamérica, sino que incluye a sus países dentro de América Latina y el Caribe. En esta región disminuyeron tanto el desempleo juvenil como la proporción de jóvenes que no trabajan, estudian ni reciben formación, convirtiéndola en una excepción dentro del deterioro observado a escala internacional.

Sin embargo, la OIT advierte que esa mejora estuvo impulsada parcialmente por la reducción del tamaño de la población juvenil. Por lo tanto, la caída de las tasas no necesariamente significa que las economías latinoamericanas estén creando más oportunidades laborales o empleos de mejor calidad para las nuevas generaciones.
La inteligencia artificial amenaza los puestos de ingreso
A este cuadro se suma la transformación tecnológica. La OIT señaló que el 6,1% de los puestos actualmente ocupados por jóvenes presenta una alta exposición a la inteligencia artificial. Si la automatización eliminara apenas el 10% de esos empleos, podrían desaparecer hasta 5,6 millones de puestos juveniles.

La amenaza se concentra especialmente en tareas administrativas, comerciales, de apoyo y de producción manufacturera, ocupaciones que históricamente funcionaron como puertas de entrada al mercado laboral. La disminución de estos puestos deja a millones de jóvenes atrapados entre la exigencia de contar con experiencia y la falta de oportunidades para adquirirla.
Una crisis que compromete el futuro
El informe de la OIT expone una crisis que excede las estadísticas de desempleo. El debilitamiento de la economía mundial, la insuficiente creación de puestos, las tensiones geopolíticas y los cambios tecnológicos están haciendo cada vez más difícil la transición entre la educación y el trabajo decente.
Sin políticas de formación, generación de empleo registrado, protección social y regulación de las transformaciones tecnológicas, la precariedad corre el riesgo de dejar de ser una etapa transitoria para convertirse en una condición permanente. Como sintetizó el director general de la OIT, Gilbert Houngbo, una generación que no puede acceder a un trabajo decente tampoco puede construir su futuro con confianza.

