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Ricardo Arriazu, economista liberal, advirtió sobre la caída del empleo y expuso la mayor debilidad del Gobierno: el conurbano bonaerense

El economista Ricardo Arriazu encendió una señal de alerta sobre el rumbo económico al advertir que la caída del empleo, especialmente en el Gran Buenos Aires, se perfila como el principal riesgo del programa impulsado por el presidente Javier Milei. Lejos de cuestionar el orden macroeconómico, Arriazu puso el foco en una variable que empieza a tensionar el esquema: el impacto social del ajuste sobre el mercado laboral.

Según su análisis, el actual modelo muestra una dinámica desigual: los sectores que traccionan crecimiento —como energía, minería y agro— generan divisas pero tienen baja capacidad de absorción de mano de obra. En contrapartida, las actividades más intensivas en empleo, como la industria, la construcción y el comercio, atraviesan una fase de retracción que golpea de lleno en los grandes centros urbanos.

El economista fue más allá del diagnóstico técnico y planteó un escenario con implicancias políticas concretas. Señaló que el deterioro del empleo en el conurbano bonaerense podría convertirse en un factor de inestabilidad y condicionar el resultado electoral, al concentrar allí buena parte de la población afectada por la caída de la actividad.

En ese tablero, uno de los principales damnificados es el gobernador Axel Kicillof. La contracción de la actividad impacta de manera directa en la recaudación provincial, en un contexto ya marcado por tensiones financieras con la Nación y un esquema que, desde la óptica bonaerense, implica un creciente ahogo fiscal. La caída del empleo en el conurbano no solo erosiona el tejido social, sino que también debilita las arcas de la provincia más poblada del país.

Sin embargo, la dinámica abre una paradoja política. A pesar de la distancia ideológica con el gobierno nacional, el deterioro del frente laboral y productivo podría convertirse en un activo para Kicillof, quien tiene margen para capitalizar los errores de gestión del oficialismo en el territorio donde esos impactos se sienten con mayor crudeza. En ese sentido, la advertencia de Arriazu no solo expone un límite económico del modelo, sino también un posible punto de inflexión en la disputa política: ya no es solo la oposición la que señala falencias, sino un economista cercano al establishment que advierte que, sin empleo, el equilibrio macro puede no alcanzar para sostener el poder.

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